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La gran paradoja: ¿Y si las camas se vacían?

¿De verdad sirve la tasa turística para salvar el territorio o es un parche "político" frente a la potencia recaudadora del IGIC en un territorio fragmentado y limitado por el mar?

Este es el gran dilema que divide a las administraciones en Canarias. Por un lado, se debate la implantación de un impuesto directo al visitante para mitigar el impacto del turismo; por el otro, se defiende la fuerza de un tributo general ya consolidado. Para entender el fondo de la cuestión, el choque entre ambos modelos y el impacto real que tienen, es fundamental desgranar qué es y cómo funciona cada concepto bajo la lupa de la insularidad.
La Tasa Turística: El peaje finalista
La tasa turística es un impuesto de carácter extrafiscal y finalista que se cobra directamente al visitante por cada noche de estancia en un alojamiento reglado. Esto me sugiere dos nuevas variantes: una, ¿ donde no hay hoteles, apartamentos o viviendas vacacionales o sus derivados no se cobra? ¿y los que entran como turistas y se quedan de manera irregular tampoco lo pagan?
  • El mecanismo: Se calcula por pernoctación y varía según la categoría del establecimiento (hoteles, apartamentos o viviendas vacacionales).
  • El objetivo: Su justificación teórica es que el dinero recaudado se destine exclusivamente a compensar la huella ecológica, mejorar las infraestructuras turísticas, proteger el medio ambiente o conservar el patrimonio local.
El desafío de la fragmentación insular
En un archipiélago, el territorio no es un continuo, sino un puzle de ecosistemas extremadamente frágiles, aislados y con recursos críticos limitados (como el agua y la gestión de residuos). Sin embargo, aplicar la tasa de forma municipal o incluso por islas fragmenta la solidaridad fiscal. Las llamadas "islas capitalinas" o los municipios turísticos masificados acumularían fortunas, mientras que las islas menores o los municipios de interior, que sufren igualmente el sobrecoste de la insularidad y la presión ambiental indirecta, se quedarían sin recursos para proteger su entorno. Esto me sugiere nuevas cuestiones: ¿podemos afirmar que las islas son todo un conjunto como emblema de identidad turística?; ¿hay que concentrar las visitas únicamente a los municipios propiamente turísticos?; ¿deben repartir los municipios turísticos las tasas por pernoctación al resto de los municipios no siendo turísticos pero si cumplen como  oferta complementaria de apoyo? ¿ y el nuevo y consolidado turismo rural?
El IGIC: El motor fiscal.
El Impuesto General Indirecto Canario (IGIC) es el tributo de naturaleza indirecta que grava el consumo en las Islas Canarias. Funciona de manera equivalente al IVA peninsular, pero con tipos impositivos notablemente más bajos precisamente para compensar los costes del alejamiento y la insularidad.
  • El mecanismo: Se aplica de forma transversal a la entrega de bienes y la prestación de servicios dentro del archipiélago, lo que incluye las reservas de alojamiento, la restauración, el ocio y el transporte.
  • El objetivo: Es una de las principales fuentes de financiación de la Comunidad Autónoma. A diferencia de la tasa, su recaudación no está ligada por ley a un fin concreto; los ingresos van a la caja única del Gobierno regional para sostener los servicios públicos generales (sanidad, educación, carreteras...).
La solidaridad  fiscal regional
El IGIC es una herramienta de cohesión vital para un archipiélago englobando a cada uno de sus municipios, sean turísticos o no. Al centralizarse la recaudación a nivel regional, el dinero se redistribuye mediante el Bloque de Financiación Canario entre todos los cabildos y ayuntamientos. Esto, teóricamente, equilibra la balanza, permitiendo que los ingresos generados por los turistas en las zonas más ricas ayuden a financiar los servicios básicos y las carreteras en las islas y municipios con menos recursos. El gran conflicto radica en que, al ser un impuesto al consumo general en un territorio que ya sufre el "sobrecoste de la cesta de la compra" por la lejanía, cualquier intento de endurecer el IGIC para exprimir más al turismo termina encareciendo la vida diaria del residente canario. ¡Y si hablamos del concepto del IGIC- Diferenciado.!
Aquí, yo matizaría otros aspectos de los que no se habla. El REF  es nuestro marco de referencia; a través de éste tenemos el REA que redefinen los precios en Canarias con la entrada de productos alimenticios que influyen en la vida diaria de Canarias. Igualmente, entiendo que algún momento se podría rediseñar un IGIC diferenciado - hoy la tecnología lo permite- . Me explicaré. Si asumimos que al turista -identificado como tal administrativamente- cuando consume se le podría aplicar un IGIC diferenciado; debido a que no estancia es puntual y además con ella contribuye a equipararse el consumo del territorio y proteger que no suba la cesta de la compra para la población local.  
La gran paradoja: ¿Y si las camas se vacían?
El debate fiscal nos lleva inevitablemente a una pregunta incómoda pero crucial: si dejasen de venir los turistas, ¿se recaudaría menos IGIC? Y si es así, ¿hasta qué punto afectaría esto al desarrollo y la supervivencia de las islas? ¿Habría que consolidar un IGIC Diferenciado (IGIC-D)?
La respuesta corta es que el golpe sería demoledor. El turismo no es un sector aislado en la economía canaria; es el motor que arrastra a los demás. Si la llegada de visitantes cae, no solo se resienten los hoteles. Disminuye el consumo en restaurantes, se frena el alquiler de coches, caen las compras en los comercios locales y se destruye empleo. Como el IGIC grava de forma transversal todo este consumo, una caída del turismo provocaría un desplome inmediato en la recaudación de la caja única del Gobierno regional.
La otra cuestión es ponerla sobre la mesa. Tecnológicamente es posible, fiscalmente habría que consolidarlo, legalmente habría que regularlo. En definitiva, esta segunda cuestión la dejamos al debate.
El riesgo de depender de un único motor.
Esto afectaría de forma directa al desarrollo de las islas. Al haber menos ingresos públicos, la capacidad de la comunidad autónoma para financiar la sanidad, la educación, las carreteras o las plantas desalinizadoras se vería gravemente comprometida. En un territorio fragmentado y alejado como el nuestro, donde los costes de mantener los servicios públicos se duplican por la insularidad, depender de un motor tan volátil es un riesgo constante. La clave del futuro no está en ahuyentar al visitante con parches fiscales, sino en gestionar de forma eficiente lo que ya se recauda a través del IGIC para garantizar que la riqueza turística sostenga el bienestar y el desarrollo real de todos los canarios. Sabiendo que el IGIC no es estático, y que puede ser diferenciado. ¿Se atreverán a ello los que tienen el sartén por el mango?
A modo de conclusión, sin cerrar el tema, el desarrollo sostenible de Canarias requiere superar el actual debate sobre parches fiscales, tasas localistas e implementar, mediante la tecnología disponible, un modelo de IGIC Diferenciado y equilibrado que proteja la economía de las familias residentes, garantizando al mismo tiempo los recursos necesarios para la conservación de nuestro frágil entorno insular y la habitabilidad para los canarios y canarias según lo define el Estatuto de Autonomía de Canarias.  ¿Qué  propondrán para que la actividad turística contribuya de forma equitativa al bienestar social y territorial de todas las islas por igual?


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