El Arañazo abre hoy sus páginas de par en par para dar cabida a un aliento de justicia y memoria. No podemos dejar a ninguna atrás. El alma de nuestro municipio y de sus medianías no se construyó con nombres aislados, sino con el esfuerzo de todas las mujeres de San Bartolomé de Tirajana: las que moldearon el barro, las que agacharon la espalda en el surco, las que alimentaron bocas y las que lavaron la dureza de la vida en las piedras de los barrancos. Para entender la grandeza de San Bartolomé de Tirajana, desde la costa hasta el último risco de la cumbre, hay que deletrear la historia en femenino. Las mujeres de este municipio no solo habitaron el territorio; lo esculpieron, lo alimentaron y lo sostuvieron cuando la escasez apretaba. Fueron, y siguen siendo, la verdadera semilla de la vida y el futuro tirajanero. Nuestra memoria histórica está hecha de oficios duros, de manos curtidas y de una dignidad inquebrantable que hoy queremos nombrar con orgullo: Las antiguas empaquetadoras ...
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